Domingo García Marzá: “Cuanto más poder tiene una empresa, más responsabilidad”

 In Alpesa

Domingo García Marzá estudió Filosofía en la Universitat de València y se doctoró en Ética Discursiva con la profesora Adela Cortina, directora de la Fundación Étnor.

Tras su doctorado, fue especializándose en la visión de que la Ética no solo tiene que ser teoría sino práctica. Pasó por la Universidad de Frankfurt donde en los años 90 estudió la relación entre Ética y Política, centrándose en la importancia de la economía y la empresa a la hora de llevar la Ética a la práctica. Después de estudiar también en St.Gallen (Suiza), único país europeo que contaba con un instituto de Ética Empresarial, trasladó y particularizó todo lo aprendido a las empresas valencianas.

Y así, la Universitat Jaume I de Castellón fue en 1991 la primera Universidad pública española en impartir créditos en Ética Empresarial, Universidad en la que ahora es Catedrático de Ética. Hoy nos explica conceptos básicos sobre la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) que conviene tener muy claros y que explicó en una de las sesiones del curso de Experto en RSE que el Club de Empresas Responsables y Sostenibles de la Comunitat Valenciana  ha organizado y del que Alpesa es socio fundador.

-La conferencia que dio en el CE/R+S tenía por título “Gestión responsable de la empresa”, ¿Cuáles fueron sus líneas y cuáles sus conclusiones?

Fue una buena experiencia porque tuvimos tiempo y un público muy interesado por el tema, aspectos que motivan al propio ponente. En ella quise trasladar que hay que diferenciar muy bien entre una gestión instrumental y una gestión ética de la RSE.

Es fundamental porque desde hace 20 años que se trata este tema a través de normas Europeas y, sin embargo, no hemos avanzado lo que deberíamos. La mayoría de empresas no tienen una infraestructura para gestionar su carácter o ética y demostrar que la RSC es parte de este carácter, que no es algo superficial que se ha cogido al vuelo porque es la moda o porque se le obliga legalmente o jurídicamente. Como es el caso ahora de los informes no financieros. Muchas empresas ni siquiera tienen un código ético donde expliciten sus compromisos.

Uno de los motivos de esta lentitud es el prejuicio de que la ética es un pasivo, una carga para la empresa. Solo si la empresa está convencida de que la ética es un activo y un factor de innovación avanzaremos en la aplicación de la ética a la empresa. Algunos dicen que la RSC debe estar en el ADN de la empresa, pero es mejor hablar de que la tengan en el corazón, porque es un músculo y es ejercicio, práctica y costumbre. Por eso hablamos, siguiendo a Adela Cortina, de una ética de la razón cordial. Solo de esta forma podremos alcanzar el fin que persigue toda ética empresarial: generar confianza.

-En ella puso de ejemplo o de caso práctico Unión de Mutuas ¿Qué podemos destacar o tomar de ejemplo el resto de compañías de ellos?

Unión de Mutuas fue la primera empresa con la que trabajamos nosotros desde la Universidad Jaume I, como grupo de investigación. Un grupo que ya entonces llevaba por título: Gestión de la Ética y la Responsabilidad Social Empresarial. En 2003 Unión de Mutuas presentó el primer código ético y de conducta, código que fue el primero en España en incluir los compromisos adquiridos para su desarrollo.

Desde entonces seguimos trabajando en la implementación de los distintos elementos que componen esta infraestructura ética, según las directrices internacionales y nuestro propio conocimiento de la realidad empresarial valenciana. A mi juicio, Unión de Mutuas es un ejemplo a seguir. Hoy en día posee un código ético y de conducta, un sistema de cumplimiento, un comité de ética, lleva años realizando la memoria de RSC con el GRI, informes de buen gobierno, auditorías etc.

La primera regla de la Ética Empresarial es la transparencia y solo entrando en su página web dispones de información detallada de este sistema de gestión de la ética en la empresa. Si una empresa puede hacer públicos sus esfuerzos por hacer las cosas bien, es cuando puede generar confianza. Dicho al revés, cuando hay que esconder algo, mala señal. Se produce desconfianza.

No es el único caso, aunque sí el más pionero e innovador. Existen muchas empresas en nuestra comunidad dispuestas a comunicar y compartir lo que saben y ahí está una de las claves más importantes de la Ética Empresarial: la visibilidad de las buenas prácticas.

-A nivel de Responsabilidad Social ¿Cuál es el grado de concienciación en este sentido en las empresas de la Comunitat Valenciana?

Es en este punto donde debemos introducir la relevancia de la Fundación Etnor (Ética de los negocios y las organizaciones). En su objetivo de visibilizar las buenas prácticas y fomentar una cultura de la empresa que incluya su responsabilidad social, tarea en la que lleva ya cerca de treinta años, hicimos un estudio del grado de implantación de la RSE en las empresas valencianas. El último fue en 2006, año precrisis y, en mi opinión, deberíamos seguir con este observatorio de la realidad de nuestro contexto empresarial. Hacemos desde aquí una llamada a quien quiera ayudarnos para volver a realizar estos informes. En este sentido sabemos que es necesario saber dónde estamos para saber dónde queremos y debemos estar.

En general nuestras empresas, aunque han mejorado significativamente, tienen un nivel bajo de concienciación de lo que es y significa la RSE, lo que conlleva que, sin estar al tanto, están realizando en muchas ocasiones, acciones que entran en esta categoría, sin poder sistematizarlas. Creo que tenemos unas buenas empresas que son innovadoras y, sin saberlo, están ejecutando estas ideas que se recogerían bajo el paraguas de la RSE. Nuestro gran problema es el pequeño tamaño de nuestras empresas y muchas de ellas ven en la ética y la responsabilidad social un impedimento, un gasto más como hemos dicho.

Cuando a principios de los noventa comenzamos a trabajar con nuestras empresas, estas no querían ni oír hablar de la RSE, porque usar la palabra responsable parecía reconocer, sentirse culpable de algo. Hoy ya sabemos, y Europa ha sido un buen acicate, que responsable es el que responde de lo que hace delante de los demás. En el caso de la empresa, delante de todos sus grupos de interés, no solo de los accionistas. Hace falta mucha comunicación y mucha visibilidad de las buenas prácticas que, de hecho, existen. Esta es una de las tareas de la Fundación Étnor.

Hoy en día muchas pequeñas empresas están entrando en este tema por ser proveedores de grandes compañías, porque ellas, de un modo u otro, se lo exigen y así están generando una cadena de valor y trazabilidad de la ética.

-¿Qué necesita una compañía para dar ese primer paso hacia la Responsabilidad Social?

En primer lugar, saber de qué estamos hablando. Cuando empezamos la tarea era más dura, pero hoy en día, por así decirlo, es ya una forma de gestionar y entender la empresa, no solo conocida sino aceptada. Si superamos la ofuscación de ver en la RSE solo un pasivo, si somos capaces de ver en la ética un factor de innovación empresarial y de credibilidad, este primer paso ya está dado. No es un nuevo impuesto social, es estar, como diría Ortega, a la altura de los tiempos.

Hoy en día la empresa es más vulnerable que antes con los nuevos medios de comunicación, con la revolución digital, porque está más expuesta que antes y por eso la Ética es un factor clave para la reputación de la empresa, pero además es un factor interno de competitividad. De hecho, las políticas de bajos salarios y precariedad están hundiendo a muchas empresas y sectores. Yo hablo de recursos morales, la moral es un recurso si no, no existiría. No es un adorno, ni la piel de cordero con la que se esconden las malas prácticas. Por tanto, el primer paso tiene que ser que la empresa reconozca que la RSE es un activo. Las leyes son necesarias, pero no suficientes. Conocemos muchas empresas que cumpliendo las leyes, no diríamos que son responsables. Cumplir la ley es el primer paso, pero no el único ni el último. Hace falta una cultura ética en la empresa.

-En muchas ocasiones las pymes y las muy pequeñas empresas creen que la Responsabilidad Social es solo para las grandes compañías porque hace falta inversión ¿Considera que es así?

No necesariamente, porque las grandes compañías hacen grandes informes, pero un informe de responsabilidad social se puede hacer en un folio. Hoy en día, toda la información sobre cómo gestionar la ética está gratuita en la red e incluso a nivel europeo. Se trata de informar de cómo la empresa está cumpliendo con lo que se espera de ella. Y esto lo puede hacer cualquier tipo de empresa, también las pequeñas y las microempresas. Más aún, tienen a su favor la cercanía, la proximidad. No necesitan mucha retórica para decir quiénes son.

-¿Es la sostenibilidad la única forma de crecer de las compañías?

Es de sentido común y las grandes empresas se dan cuenta que las ganancias de unos pocos no pueden ir junto a las pérdidas de muchos, incluso de las futuras generaciones, como en el caso de la responsabilidad medioambiental.

Una empresa es, quiera o no quiera, un agente de justicia porque tiene poder y, como sabemos, la responsabilidad es proporcional al poder. Cuanto más poder tiene una empresa más responsabilidad tiene.

Y si como agentes de justicia se olvidan del crédito social que tienen la confianza irá mermando. A corto plazo puede que les vaya bien, pero a medio y largo plazo, en las condiciones actuales de visibilidad y monitorización, no va a durar mucho.

La globalización ha convertido hoy en día a todo el mundo en un barrio en el sentido en el que todos nos podemos conocer. Una proximidad que subyace a la importancia actual de la reputación, más efectiva que las leyes porque traspasa fronteras.

-En el tema de la RSE a veces hay compañías que hacen mucho y no quieren comunicar lo que hacen y otras que lo que hacen no se puede tildar de RSE pero lo comunican mucho, ¿Qué opina de esta situación?

El paso de la ética a la práctica es la publicidad, entendida como transparencia y comunicación. A mi juicio, hay dos razones que subyacen a esta actitud de, por así decirlo, guardar silencio.

Por un lado, está el miedo a que cada vez se pida más a la empresa desde la sociedad (grupos de interés), que no sea nunca suficiente. Hoy en día está cuestión ya no es un problema. Existen directrices internacionales y Europas, y metodologías para informar de su cumplimiento. La principal vara de medir para saber si avanzamos o retrocedemos es hacer público nuestro esfuerzo.

Por otro lado, tenemos la confusión entre responsabilidad social y acción social. Una confusión que muchas grandes empresas utilizan para “lavar más blanco” su imagen. Hay compañías que con una fundación piensan que justifican las malas prácticas que subyacen a sus beneficios. Pero la pregunta de la RSE es doble: cómo se han alcanzado los beneficios y para quién son.

La acción social, sin embargo, se refiere a qué hacemos con parte de estos beneficios. Si la empresa lo está haciendo mal tiene que decir cómo lo va a hacer bien. Hay empresas que han caído muy bajo en su reputación y ahora están haciendo un gran esfuerzo, año a año, para ir mejorando. Este esfuerzo no consiste en acciones altruistas que, aunque siempre son bienvenidas, no deben confundirse con la responsabilidad de la empresa, mucho menos sustituirla.

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El CE/R+S, del que Alpesa es socio fundador, es miembro de la Fundación Étnor (ética de los negocios y de las organizaciones) y recientemente de Forética, asociación de empresas y profesionales de la responsabilidad social empresarial y la sostenibilidad referente en España y Latinoamérica y lidera la RSC valenciana en el grupo de trabajo de la Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana.

 

 

 

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